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Sobre El Hacha

El Bar El Hacha está en la memoria y en el corazón de los uruguayos. Muchos periodistas y escritores le han dedicado artículos. Su nombre aparece en tangos y candombes. En esta página incluimos algunas notas, referencias y fragmentos musicales.

Canal 10. Día del patrimonio

 

 

Milongón del Guruyú

Roberto Darvin

Mi ciudad se mete al agua
por la escollera Sarandí
zumban lances de caña
y el aparejo de un chiquilín.
Pinta gente de mediomundo
de lengue lengue y de calderín,
de botella en las rocas
o encanutada en el maletín.
Del Guruyú
vienen los tambores
pa’l Guruyú
va mi corazón
Del Guruyú
de amor y dolores
canto el milongón.
Cae la noche estrellada
en esta orilla de la ciudad
sopla un aire caliente
y en él se siente toda la mar.
Allá por el Bar El Hacha
el as de copas quiere brindar;

la penúltima y nos vamos
porque mañana hay que laburar.

 

El Milongón del Guruyú cantada por la gran cantante argentina Adriana Varela.


 

El Bar El Hacha.

Alejandro Michelena

Es sin lugar a dudas el boliche más antiguo de Montevideo. Abrió sus puertas en pleno siglo XVIII, siendo al comienzo una de las pulperías urbanas más concurridas (de las denominadas popularmente “esquinas”). Su nombre original no ha quedado registrado. Se llamó El Hacha desde el 15 de abril de 1794, cuando uno de los dependientes que allí trabajaban fue asesinado de un hachazo en medio de una trifulca confusa a causa de la ingestión de alcoholes fuertes.

Promediado el siglo XIX dejó atrás su condición de pulpería para transformarse en almacén de “ramos generales”. Ya en el albor del 900 se torna almacén y bar, y como tal fue conocido hasta el cierre temporal en el año 2000.

Es uno de los boliches tradicionales de la zona, junto a otros no menos legendarios y que ya no están como Las Telitas y El Perro que Fuma. En su mostrador de estaño confluían criollos, italianos, judíos sefardíes, descendientes de africanos y otros inmigrantes; marcó un perfil cosmopolita que sigue vigente en la zona.

Uno de sus propietarios, el más cercano en el tiempo, fue José Pérez González, un gallego que bajó del barco y se empleó ese mismo día de 1953 como dependiente en El Hacha. Pasó a ser propietario en 1960, y se mantuvo al firme detrás del mostrador hasta el 2000, cuando tuvo que cerrar. El buen hombre se transformó en una memoria viva, y ha sabido evocar en más de una oportunidad la enorme lista de personalidades que frecuentaban el boliche en diferentes momentos.

Entre las figuras que Pérez González recuerda está nada menos que “Huesito” Pérez, el autor de la famosa Despedida de los Asaltantes con Patente. Otros integrantes de la cofradía del dios Momo que se acodaban en el viejo mostrador de El Hacha fueron Marta Gularte, el siempre inquieto Pirulo, Juan Ángel Silva y el Canario Luna.

Representantes del gremio periodístico solían “tomarse una” entre esas paredes más que centenarias. Allí recalaban Julio César Puppo “El Hachero” (uno de los más jugosos cronistas que tuvo Montevideo), y Nelson Domínguez “Guruyense” (gran cronista de tango y carnavales).

El deporte también estuvo presente en las tertulias de El Hacha, con figuras como el gran Dogomar Martínez, el cultor del arte de los puños uruguayo que llegó más alto en sus triunfos, y Roque Gastón Máspoli, el golero del 50 en Maracaná.

Luego de su cierre momentáneo, en poco tiempo El Hacha resurgió de la mano de gente emprendedora que lo ha recuperado. Manteniendo el espíritu y la tradición, el aura que le ha dado justa fama, es ahora además un restaurant interesante y un ámbito para el tango y la música popular.

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Alejandro Michelena nació en Montevideo. Fue periodista en numerosos medios de prensa, fundador de revistas, poeta y narrador. En 1987 comenzó su paseo ciudadano por Los cafés montevideanos. Lo continuó por Rincones de Montevideo, Más rincones, Otras latitudes.
 


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Fragmento de un texto de Mario Delgado Aparaín

“Quien entra por primera vez al bar El Hacha, tiende a quedarse circunspecto en un rincón, mirando las vigas oscuras del techo.

Es imposible no tratar de imaginar lo que ocurrió allí, en la antigua pulpería del Montevideo colonial de la última década del siglo XVIII.

Seguro que el gallego Juan Vázquez se fue a dormir temprano y dejó a Bernardo Paniagua, un joven navarro de escuálida figura para que atendiese a los dos parroquianos que demoraban en irse, casi a la medianoche del 15 de abril de 1794.

Al fin sólo uno quedó de beberaje en la penumbra, se trataba de un marinero ligur de desaforado sombrero, torvo, merodeador del puerto conocido como Domingo Gambini y con quien Bernardo Paniagua pasó el último rato de su vida..."

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Mario Delgado Aparaín

Nació en Florida, Uruguay, en 1949. Escritor, periodista, docente universitario. Autor de libros de cuentos: Las llaves de Francia (1981), Causa de buena muerte (1982), La leyenda del Fabulosísimo Cappi (Alfaguara, 1999); siete novelas: Estado de gracia (1983), El día del cometa (1985), La balada de Johnny Sosa (1987), Por mandato de madre (Alfaguara, 1996), Alivio de luto (Alfaguara, 1998), No robarás las botas de los muertos (Premio Bartolomé Hidalgo 2002) y Los peores cuentos de los hermanos Grim (2004), en coautoría con Luis Sepúlveda, y un libro infantil: La taberna del loro en el hombro (2004). En 2001 ganó el Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional con el cuento Terribles ojos verdes. Como periodista escribió para el diario argentino Clarín, semanarios Jaque, La Razón y Búsqueda, Revista Tres, El País Cultural y diario La República. Dirigió las revistas Tercera Orilla, Montevideo Ciudad Abierta e integra el Consejo de Redacción de Literastur (España). Delgado Aparaín es reconocido internacionalmente y varios de sus libros fueron traducidos y publicados en gran parte de Europa.

 

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Una nota del Diario "Clarín" de Buenos Aires

Montevideo, de bar en bar

En la capital uruguaya los cafés son un lazo entre el pasado y el presente, además de lugares amables donde contar y escuchar historias. Los más famosos y emblemáticos. También, los tragos, las bebidas y los secretos.

Nora Viater
nviater@clarin.com


Casi al mismo tiempo en que se instalaba el primer Cabildo de Montevideo, alrededor del año 1720, abría el primer café. Como un comercio que de alguna forma estructuraba las costumbres de la época, primero fue el "almacén de ramos generales", después el "almacén y bar" para llegar finalmente al "café y bar". Y aunque muchos desaparecieron a fuerza de años y olvido, ahora una iniciativa mixta —pública y privada— rescatará la historia de unos 25 bares, los más emblemáticos de la ciudad.

Ese proyecto, que cristalizará en un libro, es también una suerte de circuito que puede recorrerse como quien mira una foto con lupa: una suma de detalles que hablan de Montevideo. Quizá lo mejor sea comenzar por la Ciu dad Vieja, en el "Almacén del Hacha", cuyas paredes fueron levantadas en el siglo XVIII y hoy es el comercio más antiguo de Montevideo. Si pensó que el nombre tiene que ver con una historia de cuchilleros de los últimos años de ese siglo, está en lo cierto. Allí mataron, con un hacha, a uno de los empleados de la pulpería. Pero pasó el tiempo y "El Hacha" se fue adaptando a los nuevos aires..."

 

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El sello de Correos del Uruguay que rinde homenaje al Bar "El Hacha". 

 

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Personajes de "El Hacha". El "Huesito" Pérez.

Retirada de la murga los Asaltantes con Patente del año 1932

Manuel Pérez, “Hueso”. Oriundo de la Aguada, autor de la retirada de “Asaltantes con Patente” en el Carnaval de 1932. Sin duda la canción murguera más famosa de todos los tiempos. Canto de guerra de las delegaciones deportivas que anduvieron por el mundo, incluyendo aquellas que obtuvieron títulos mundiales.

Un auténtico bohemio de la época, hombre de mostrador y del asfalto. Los últimos años de su vida, transcurrieron en el bar “El Hacha” y en su domicilio de la calle Maciel, hijo adoptivo del barrio “Guruyú”.

 

Como el día más glorioso

hoy queremos festejar

la alegría bulliciosa

que nos brinda el carnaval

Entre aplausos, serpentinas

se despide con dolor

la murga que siempre ha dado

a la fiesta un buen color.

Un saludo cordial

brindan los Asaltantes

a su paso triunfal

de caballero andante.

Y en las horas más tristes

que recuerda la orgía

pensaras en los días

que gozosos reían

y era todo alegría



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